![]() Relato de una Experiencia |
El Camino de un Arquero |
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Primeros Pasos en la Arquería
Entonces, nació esa loca idea de irnos al sur del país,
al lago Maihue y durante 15 días sobrevivir con lo estrictamente
necesario: pesca, caza y lo esencial; íbamos tras el Ciervo Colorado.
Luego, en Santiago, nos enteramos que un amigo de mi padre había
traído algunos arcos y flechas desde Estados Unidos para vender.
En su casa, compramos mi Shakesperade recurvo de 40# y un Bear Kodiac
de 60# para uno de mis amigos. Unas cuantas flechas de madera con puntas
para blanco completaron lo esencial, fabricando el resto de los accesorios
con cuero proveniente de bolsones escolares y un sillón de mi
casa (para carcaj y protectores de antebrazo). El equipo lucía
soberbio a pesar de nuestra nula experiencia en el tema. Pienso que,
desde un principio, fui el más entusiasta y, por qué no
decirlo, tal vez el más soñador.
Ya
en el Maihue, hermoso lago con boscosas orillas y serranias, levantamos
nuestro campamento base y ordenamos aquellas provisiones básicas
que nos parecían indispensables, para luego recorrer los alrededores
y así familiarizarnos con la zona. A los pocos días, el
resto del grupo ya se había dado cuenta que no habría caza y
se dedicó a la pesca con cierta fortuna:trucha al desayuno al
almuerzo y a la cena lo que no era muy atrayente pero era si un manjar
para el hambre. que teníamos. Y un día, no recuerdo cuál,
en una tarde amenazante de lluvia, mientras recorría un claro
detrás de una Perdiz, a mi izquierda aparece lo que parecía
ser un chancho corriendo furioso hacia mi. Corrí con esa velocidad
que otorga las descarga súbita de adrenalina, y busqué refugio
sobre un Coigue caído. Ahí permanecí por espacio
de una hora. Luego en el camino de regreso, a unos quince metros de distancia,
veo a este animal comiendo y absolutamente ignorante de mi presencia.
Puse una flecha en la cuerda, tensé el Shakespeare y solté .La
flecha lo impactó tras la paletilla y el animal comenzó a
chillar y a correr casi en círculos. Me quedé ahí quieto
por espacio de media hora y luego seguí el rastro dejado por la
bestia herida. Vi sangre, la mitad posterior de la flecha sobre el suelo,
y el pasto aplastado en un patrón difícil de seguir.Oscurecía
así que no lo encontré. Luego, se dejó caer una
lluvia que duró todo un día y que nos obligó a permanecer
dentro de la carpa. Fueron momentos desagradables porque las relaciones
humanas se resienten en circunstancias de apremio y de hambre. Dos días
después, la presencia de carroñeros y moscas nos permitió encontrar
al chancho que ya había iniciado el proceso de putrefacción.De
su paleta emergía un trozo de la flecha y de su hocico unos pequeños
colmillos que delataban su origen.Recién ahí supe que era
una suerte de cruza entre chancho y Jabalí, lo que luego supimos
era frecuente de ver en esas zona. Desde ese momento y hasta ahora, a
veces dormido y otras en plena vigencia, mí amor por el arco y
la flecha jamás me abandonó. Amo lo natural, amo al bosque,
a la montaña y a la pradera, en fin, al río y a la naturaleza
entera, pero, con más fuerza, al ser instintivo que hay en mi,
a mi cuna prehistórica, a mi necesidad de cazar. Mi pasión
es sentir la emoción de un probable encuentro con mi presa, aunque
nada ocurra, ya que de eso se trata finalmente todo esto: reglas claras
y parejas para ambas partes: el animal con todos sus sentidos contra
la inteligencia del hombre.
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